Mañana comienza el
asfixiante período de campañas electoreras 2015; seremos invadidos por millones
de spots con mensajes que al escucharlos se sienten como una gran flema que se
atora en la garganta; imágenes con los rostros de payasos, mirreyes, mafiosos y
escaladoras profesionales del status político-económico, entre otras perversas
mutaciones del zoon politikon que siempre logran sorprendernos… una vez más.
Los menos de esos mensajes ofrecerán un contenido respetable, es decir, darán
información concreta y transparente a la ciudadanía, pero lo demás será el
mismo argüende al que ya nos tienen acostumbrados la gran mayoría de los que
participan en la vida político-institucional de este país, México.
Millones de pesos que
podrían usarse para atender problemas graves como la pobreza; o que podrían
destinarse a la investigación científica, a manera de compensación por los
absurdos y constantes recortes del presupuesto que se han hecho a ese sector en
los últimos ejercicios fiscales.
Veremos una batalla
campal de egos obesos a punto de reventar; escucharemos las promesas más
trilladas, cifras y estadísticas manipuladas; conoceremos detalles y chismes de
la vida privada de muchos candidatos y candidatas; seremos testigos de cómo
funciona la democracia bizarra, con gente verdaderamente loca y ajena a toda
perspectiva de servicio llegando a los cargos públicos. En general veremos cómo
se juega el festín de carroña al que es posible acceder si uno tiene pocos
escrúpulos y participa en la actividad política. Al final creo que,
irónicamente, lo más coherente de estos períodos electoreros es que se producen
toneladas de basura para anunciar más basura.
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