Se quedó parado frente a la gran
explanada del Zócalo, observando el mensaje gigantesco colgado en lo alto del
edificio:
“ ¡Feliz y Prospero
Año 2014! ”
Sintió que presente, pasado y futuro
perdían el orden lineal en su mente. Ese letrero, esa fecha, le probaban que
era consciente de su presente, pero también le parecían a la vez el eco de un
recuerdo y el presagio de un destino. Era aquel tiempo en el que todos los
tiempos convergieron y todos los cuerpos celestes se alinearon en el cosmos.
Aparecían lapsos, atisbos de otras dimensiones que la mente percibía cada vez
con mayor regularidad. Sentía como si toda la realidad estuviera siendo
succionada y su entrecejo fuera el centro de esa succión.
Después supo que había estado ahí
desde siempre, sólo que nadie pudo advertir su presencia, a pesar de intuir que
algo perturbador se estaba gestando: el hoyo negro detrás del sol.
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