Ningún practicante serio estaría de acuerdo o la mayoría de los
practicantes serios estarían en desacuerdo, pero aún así insistiría en que,
aunque suene extraño, algunas veces, una buena borrachera de tequila puede ser
un evento revelador; algunas veces, lo que en un primer momento parece un
error, termina siendo eso, un hecho iluminador. Uno entiende quién es y por qué hace lo que hace. Y quiénes son
los demás; cuáles son sus necesidades y prioridades, tiene un valor igual a
nada.
Es un vacío que más allá de una hostil indiferencia, se siente
como un gran eructo que deja salir toda emoción negativa; el desapego funciona
más como un campo magnético de kalapas que repele descargas de un mismo tipo de
energía, que como un témpano de hielo.
No esperar nada, sólo dejar que todo suceda; no intentar
controlar nada que esté más allá de nuestro ámbito de control: Nosotros Mismos.
Eso, es lo que el budismo y el tequila me han enseñado.
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